Tussore.
Coreografía : Michelle Man
Música: Alfonso García de la Torre
Escena en penumbra, telas colgadas y tres cuerpos moviéndose lentamente en el suelo. El ojo se va adaptando y se empiezan a distinguir tres sedas al fondo, largas y verticales, como los hilos de la urdimbre, y en distintos planos, otros elementos del vestuario colgados repartidos por toda escena. Se van definiendo así distintas variaciones sobre un mismo espacio. Ampliado, tensado, fragmentado… Poco a poco la parte superior empieza a vaciarse, y los cuerpos, en su origen similares a los gusanos de seda se van convirtiendo en mariposas Tussore.
A partir de este momento, con la escena dominada por las tres sedas al fondo comienza un juego de luces y sombras, de sugerencias e imaginación.
“Las geishas se dejan un pequeño margen de piel sin cubrir siguiendo la línea del pelo, lo que hace que el maquillaje parezca aun más artificial, algo parecido a las máscaras del teatro Noh. Cuando un hombre se sienta a su lado y ve el maquillaje como una máscara se hace mucho más consciente de la piel que hay debajo.”
Memorias de una Geisha. Arthur Golden.
De esta misma manera se trata el espacio. Sumergido en total oscuridad, se rompe con una línea de luz que define su propia dimensión espacial. Las bailarinas se sumergen en ese haz de luz para mostrar (se) o pueden moverse en la oscuridad simplemente sugeridas a partir de los reflejos del suelo…
Siguiendo esta idea podemos manipular las sedas que según los efectos de luz se harán traslucidas, llevándonos al teatro de las sombras, u opacas, ocultando a las bailarinas. De nuevo, la sugerencia. Se puede mostrar partes del cuerpo, un antebrazo bajo una luz blanca puntual… Sugerencias, no evidencias. Activar los sentidos y la imaginación.
Los tres cuerpos se desplazan con movimientos similares que se especifican según su iluminación, dotando al espacio de una profundidad virtual.
Juegos de luces y sombras, sutiles o radicales, que manipulan el espacio para transformarlo en distintos lugares.







